Se puede soportar cualquier verdad, por muy destructiva que sea, a condición de que sea total, que lleve en sí tanta vitalidad como la esperanza a la que ha sustituido.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Camino hacia todos esos sitios en los que hay algo de mí. Me permito visitarlos por última vez, para decirles "Mi tiempo se ha agotado". Camino y ando. Camino. Ando. Y estoy en silencio. Y me sienta genial. Me doy cuenta de que hablar demasiado perjudica mi equilibrio y altera el de la gente que me rodea. Ando y callo. Mucho silencio. Mucho pensamiento. Me estoy borrando. Hasta quedarme en blanco. Vengo a despedirme. Gracias por todo. Ahora me voy a descansar. Ya nos veremos.
Tu plan b era mejor que el mío, ¿de qué me sirve ahora ladrar? Conspiraste contra mi almohada, en tu espalda está el eje del mal; pero, por favor, muérete otro día.
lunes, 17 de mayo de 2010
Tengo una perra. Una de esas de mil razas. No recuerdo el momento exacto en el que alguien la trajo a casa, pero, como suele pasar con este tipo de perros, me dijeron que no crecería mucho, era tan pequeña... Tendríais que verla ahora, tiene el tamaño de un lobo, y su ferocidad. Cuando camino un poco más de la cuenta me muerde los tobillos, algunas veces consigue hacerme caer ,¡pam!, de bruces al suelo; es así como le gusta verme, nunca se muestra tan cariñosa como cuando estoy indefensa. Le gusta jugar conmigo, sabiendo que puede ganar. Intento educarla, pero cuando me mira con esos ojitos grises, no puedo decirle que no. Duerme siempre conmigo, o casi siempre. Ya ocupa casi toda la cama, pero me he acostumbrado a su compañía. Qué haría ahora sin ella. Sí, duerme conmigo, o yo duermo con ella. Me lame las piernas y me llena la cama de pulgas. De chinches, de esas de las que hablan los libros de la gente que vive en París. Chinches del espíritu, claro, por hablar en el lenguaje que me han enseñado. Me cuesta descubrir las picaduras, pero lo que no puedo obviar es la falta de sangre. Me roba mientras duermo, pero ¡es tan bonita! La abrazo, y me pica todo el cuerpo. El cuerpo y el espíritu, claro, el espíritu me escuece. Ya tenía nombre cuando llegó, se llama Angst. A Angst no le gustan las visitas, cuando alguien amable pasa por aquí se esconde, pero la oigo gruñir agazapada bajo la cama. ¡Pobrecita! Lo habrá pasado tan mal... Siempre tengo que buscar excusas para echar a la gente y, así, hacer que ella vuelva a estar tranquila. A veces pienso en escaparme, ya que no puedo abandonarla. Entonces viene a mi cabeza aquel anuncio "él nunca lo haría". Cuánta razón, Angst, bonita, tú nunca me dejarías.
"Antes de buscar al hombre es menester haber encontrado la linterna."
La sangre me está ardiendo, algo se me mueve dentro.
jueves, 6 de mayo de 2010
"Las personas son como los piojos: se te meten bajo la piel y se entierran en ella. Te rascas y te rascas hasta hacerte sangre, pero no puedes despiojarte permanentemente. Dondequiera que voy las personas están echando a perder sus vidas. Cada cual tiene su tragedia privada. No obstante, el efecto que me produce es estimulante. En lugar de desanimarme, o deprimirme, disfruto. Pido a gritos cada vez más desastres, calamidades mayores, fracasos más rotundos. Quiero que el mundo entero se descentre, que todo el mundo se rasque hasta morir."
"Tenemos tantos puntos en común, que es como mirarme en un espejo agrietado. He estado examinando mis manuscritos, páginas garabateadas con correcciones. Páginas de literatura. Me asusta un poco. ¡Se parece tanto a Moldorf! Sólo que yo no soy judío y quienes no son judíos tienen una forma distinta de sufrir. Sufren sin neurosis y, como dice Sylvester, un hombre que nunca ha padecido una neurosis no sabe lo que es sufrir. Recuerdo muy bien cómo disfrutaba con mi sufrimiento. Era como llevarte un cachorro a la cama. De vez en cuando te arañaba… y entonces sentías auténtico espanto. Por lo general, no sentías miedo:siempre podías soltarlo o cortarle la cabeza. Hay personas que no pueden resistir el deseo de meterse en una jaula con fieras y dejarse despedazar. Hasta sin revólver ni látigo se meten. El temor las vuelve temerarias… Para el judío, el mundo es una jaula llena de fieras. La puerta está cerrada y él está dentro sin látigo ni revólver. Su valor es tan grande, que ni siquiera huele los excrementos en el rincón. Los espectadores aplauden, pero él no oye. Cree que el drama está ocurriendo dentro de la jaula, que la jaula es el mundo. Al encontrarse ahí, solo e indefenso, y con la puerta cerrada, descubre que los leones no entienden su lengua. Ningún león ha oído hablar nunca de Spinoza. ¿Spinoza? Pero si ni siquiera pueden hincarle el diente. «¡Queremos carne!»,rugen, mientras él permanece petrificado ahí, con sus ideas congeladas, su Weltanschauung mero trapecio inalcanzable. Un solo zarpazo del león y su cosmogonía queda destrozada."