Los bares ya no dan dos por una y en esta ciudad tienes que ganar mucho para poder beber en el centro. Los camareros han enterrado sus sonrisas porque es viernes por la noche y la gente coge todo lo que brilla. Con o sin permiso. Las niñas bonitas siempre son las que están más tristes porque saben que hay más tíos dispuestos a hacerles daño. Las niñas feas se dejan ir y bailan toda la noche solas, o unas con otras, y no tienen suerte ni atrayendo las desgracias.
Los tíos con coche juegan con los dardos trucados y los que tienen dinero nos están viendo a todos las cartas. Las madres no duermen en toda la noche porque saben que duele pero también saben que no hay nada mejor y no acaban de decidir qué es lo más peligroso.
No hay nadie que no dispare los viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos. Sé que las cosas no nos iban demasiado bien y sé que no era el hombre perfecto toda la semana, pero tendrás que reconocer que no había muchos como yo para un viernes por la noche. Sé que no puedo esperar que estés siempre sola, pero te pido que no te lo creas todo. Recuerda lo bien que mentía yo los viernes por la noche."

Y esta noche de viernes juego a las mentiras otra vez, me miento bajito, al oído, a veces me lo creo; siempre me río. Corro detrás de los gatos que corren para esconderse de la lluvia, nunca te alcanzo y las gotas resbalan por mis hombros. Tú dices sin azúcar, yo digo sin aliento y lo único que nos queda claro es que seguro que es solo, el café solo y las noches de los viernes y los gatos que te miran de lejos, el camino de vuelta solo, y por supuesto el de ida. Pero podemos seguir jugando, decirnos que nos gusta estar así, que es mejor ver llover desde la ventana, cualquier cosa. Recuerda lo bien que mentía yo los viernes por la noche.

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