Es posible que los novelistas sean los únicos [...] en saber que hay tantas novelas posibles y ninguna verdad más allá de ellas. Que hay tantas preguntas posibles y ninguna adivinanza auténtica detrás de cada drama que anida en ellas. Por eso es por lo que a los hombres les gusta tanto examinarse, concursar, iniciarse en algo, participar en elecciones, por eso hacen tantas competiciones, leen tantas novelas policíacas, se entretienen inexplicablemente haciendo crucigramas. Quieren creer que hay una respuesta que precede a su pregunta donde no hay más que exhalación pulmonar, escena invisible, interrogación corporal desprovista de fin, contingencia sexual. Quieren creer que hay un código secreto, que su vida tiene una dirección o encierra una promesa.
Todo hombre quiere creer que para la cerradura indescerrajable y chirriante y oxidada en que se ha convertido hay una llave.
martes, 25 de enero de 2011
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