jueves, 17 de marzo de 2011

El frío no se imagina, el dolor no se intuye, nada se comparte en realidad. El que murió por nosotros murió por nada. No hay más que una condición.
Imaginar muchos es jugar a no sabernos solos.
Las cruces no dicen he vivido. Los dioses tienen nombres que recordamos, no les pidamos a los dioses el mismo cuidado.
Se puede morir sin haber sido.
Los dioses y los niños lo saben.
[...]
Hay quien se fascina antes su reflejo, precisamente por la normalidad de su reflejo. Hay quien acepta ser oficial entre oficiales, vivo entre los vivos, muerto entre los muertos.
Hay quien sabe que su lugar no es propio y su casa ninguna, hay quien aprende lo que ya se sabe, quien sufre lo que se ha sufrido, quien repite lo que ya se ha dicho, sin dolor.
Hay quien acepta, sin magnificar su sacrificio.
Hay quien presta su pecho para las medallas ya entregadas a corajes parecidos.
Hay quien participa de la locura sin aspavientos.

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