He tenido un sueño precioso y terriblemente triste.
Era el entierro de S, que nunca llegué a presenciar.
Noche sin estrellas.
Los asistentes flotando en el agua del mar,
nunca la he visto tan oscura y tan fría.
Silencio indescriptible.
Dos caballos negros, brillantes, arrastran
un ataud, del tamaño de un niño,
luchando por no ahogarse.
Yo abrazo la caja,
ato una roca a ésta y dejo que se hunda.
Buenas noches, S, buenas noches.
El luto infinito. El corazón enorme.
Te quiero siempre. Siempre.
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