"Tenemos tantos puntos en común, que es como mirarme en un espejo agrietado.
He estado examinando mis manuscritos, páginas garabateadas con correcciones.
Páginas de literatura. Me asusta un poco. ¡Se parece tanto a Moldorf!
Sólo que yo no soy judío y quienes no son judíos tienen una forma distinta de sufrir. Sufren sin neurosis y, como dice Sylvester, un hombre que nunca ha padecido una neurosis no sabe lo que es sufrir. Recuerdo muy bien cómo disfrutaba con mi sufrimiento. Era como llevarte un cachorro a la cama. De vez en cuando te arañaba… y entonces sentías auténtico espanto. Por lo general, no sentías miedo:siempre podías soltarlo o cortarle la cabeza.
Hay personas que no pueden resistir el deseo de meterse en una jaula con fieras y dejarse despedazar. Hasta sin revólver ni látigo se meten. El temor las vuelve temerarias… Para el judío, el mundo es una jaula llena de fieras. La puerta está cerrada y él está dentro sin látigo ni revólver. Su valor es tan grande, que ni siquiera huele los excrementos en el rincón. Los espectadores aplauden, pero él no oye. Cree que el drama está ocurriendo dentro de la jaula, que la jaula es el mundo. Al encontrarse ahí, solo e indefenso, y con la puerta cerrada, descubre que los leones no entienden su lengua. Ningún león ha oído hablar nunca de Spinoza. ¿Spinoza? Pero si ni siquiera pueden hincarle el diente. «¡Queremos carne!»,rugen, mientras él permanece petrificado ahí, con sus ideas congeladas, su Weltanschauung mero trapecio inalcanzable. Un solo zarpazo del león y su cosmogonía queda destrozada."
jueves, 6 de mayo de 2010
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